Entradas agotadas y, fuera de Razzmatazz, cerca de un centenar de fans sin localidad compartiendo el desconsuelo, y coches con padres abnegados dispuestos a esperar una hora y media hasta que salgan sus retoños. Dentro, quinceañeros fastidiados porque en la barra les piden el DNI. Estamos, sí, ante una experiencia bautismal, o casi, para 2.000 seguidores (abundante presencia femenina) de My Chemical Romance, uno de esos fenómenos de fans que explotan en el patio de atrás y cogen por sorpresa a disqueros, periodistas y observadores en general.
Podríamos ventilar su noche de épica seudogótica, filopunk, medio metálica y un pelín emocore (los chicos tienen un poco de todo eso) como el enésimo esperpento para adolescentes alimentados con cine de terror deficiente y fantasías románticas de garrafa. Pero hay algo raro en My Chemical Romance: no todo el mundo logra ser superventas juvenil con un disco conceptual sobre un enfermo de cáncer de corazón que se somete a quimioterapia, abre un animado debate sobre la muerte y agoniza junto a su amada. Material poco dicharachero para el hit parade, pero atractivo para un público púber fascinado por esa suma de tinieblas y sentimentalismo.
Gerard Way, nuevo héroe romántico torturado oficial de Nueva Jersey, y sus cinco compinches, todos de negro funerario, centraron la actuación en ese celebrado The black parade. En Dead! narraron el momento en que el protagonista encaja la noticia de su enfermedad; Welcome to the black parade evocó el recuerdo edificante del padre del susodicho, y I don't love you expresó la crisis emocional del personaje.
Todo ello, haciendo honor a la fama del grupo como sampleador sonoro sin complejos: por ahí desfilaron espectros góticos, reflejos del glam-rock de los 70, descargas entre el punk y el metal, y hasta algunos giros inesperados: Mama (que en su versión discográfica cuenta con Liza Minnelli) mostró una cadencia de cabaret berlinés angustiado. Y Cancer, con su base de piano de music hall, sonó como una réplica del David Bowie de Time o Rock'n'roll suicide. Consumado el relato con un final abierto (no queda claro si el protagonista perece en su pulso con la enfermedad), el grupo completó el pase rescatando Heaven help us y Helena, ésta coreada a pleno pulmón. En la liguilla de los conciertos de iniciación, este no es de los peores.
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